En la agricultura de Honduras, las mujeres desempeñan un papel fundamental, aunque muchas veces invisible. Ellas cultivan la tierra, cuidan de los animales, recolectan agua y participan activamente en el sustento de sus comunidades. Sin embargo, a pesar de su trabajo constante, enfrentan numerosas barreras que les impiden acceder en igualdad de condiciones a recursos, formación y oportunidades. Esta desigualdad, conocida como brecha de género, sigue afectando el desarrollo del país y de las zonas rurales.
La brecha de género en el campo hondureño no solo limita el potencial económico de las mujeres, sino que también restringe el crecimiento sostenible de las comunidades agrícolas. Entender esta problemática y buscar soluciones es clave para avanzar hacia un modelo más justo y productivo en la agricultura de Honduras.
Puntos clave sobre la desigualdad de género en el campo hondureño
- ¿Por qué existe una brecha de género en la agricultura de Honduras y cómo se manifiesta en la vida diaria de las mujeres rurales?
- Cómo influyen el acceso desigual a la tierra, la falta de apoyo institucional y la discriminación cultural.
- Ejemplos de iniciativas que están cambiando esta realidad.
- Qué podemos hacer como sociedad para reducir estas desigualdades.
El rostro femenino del campo hondureño
Aunque a menudo no se reconoce formalmente, una gran parte del trabajo agrícola en Honduras lo realizan mujeres. Ellas siembran, cosechan, procesan alimentos y muchas veces administran los pequeños ingresos que genera su actividad. Pero al mirar quiénes son los dueños de las tierras, quiénes acceden a créditos y a formación técnica, la historia cambia: en su mayoría, son hombres.
Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), las mujeres representan alrededor del 30% de la fuerza laboral agrícola, pero poseen menos del 15% de las tierras productivas. Esa diferencia refleja una distribución desigual de los recursos y del poder en el ámbito rural.
Esto no significa que las mujeres no trabajen. Al contrario: muchas realizan labores agrícolas sin remuneración, dentro de fincas familiares o comunales. Sus contribuciones son vistas como una “ayuda”, no como un trabajo legítimo que merece derechos y reconocimiento. Este patrón afecta directamente su bienestar y el de sus familias.
Barreras que enfrentan las mujeres rurales
A pesar de su rol activo en la agricultura de Honduras, las mujeres rurales siguen encontrando múltiples obstáculos que limitan su participación plena y justa en el sector. Estas barreras no solo afectan su desarrollo personal, sino que también frenan el potencial colectivo de sus comunidades.
Acceso limitado a la tierra
En la agricultura de Honduras, tener tierras es sinónimo de poder. Quien tiene tierras, puede sembrar con libertad, pedir créditos y acceder a programas gubernamentales. Las mujeres, sin embargo, se enfrentan a múltiples obstáculos para convertirse en propietarias.
Muchas veces no heredan tierras porque las familias priorizan a los varones. Otras veces, aunque tienen títulos, estos no están legalizados, lo que les impide inscribirse en proyectos de apoyo o acceder a préstamos. Esta falta de acceso legal y seguro a la tierra impide que muchas mujeres inviertan en mejorar su producción o buscar nuevas oportunidades.
Créditos y formación técnica: una lucha desigual
Para modernizar la producción y enfrentar los desafíos del cambio climático, los agricultores necesitan capacitaciones y financiamiento. Sin embargo, muchas mujeres no pueden acceder a estos servicios. Las razones son variadas: desde la falta de información hasta la desconfianza por parte de las instituciones financieras.
Además, muchas capacitaciones no consideran los horarios y responsabilidades de las mujeres, como el cuidado de los hijos y del hogar. Esto reduce sus posibilidades de participar activamente en iniciativas productivas o programas de asistencia técnica.
Estereotipos culturales y carga doméstica
Más allá de los aspectos legales y económicos, existe un factor cultural que refuerza la brecha de género: la idea de que el hombre debe producir y la mujer debe cuidar. En muchas comunidades rurales, las labores del hogar y el cuidado de la familia siguen siendo responsabilidad exclusiva de las mujeres. Esto limita su tiempo y energía para dedicarse a la producción agrícola.
Una agricultora de Intibucá comentó en un taller comunitario: “Trabajo en la milpa con mi esposo desde las 5 de la mañana, pero cuando llegamos a casa, él descansa y yo tengo que cocinar, cuidar a los niños y lavar la ropa. Parece que mi trabajo nunca termina”.
Consecuencias para el desarrollo rural
La brecha de género no solo perjudica a las mujeres; impacta también en el desarrollo general del país. Diversos estudios han demostrado que cuando las mujeres tienen acceso igualitario a los recursos productivos, la producción agrícola aumenta significativamente.
En la agricultura de Honduras, cerrar esta brecha podría traducirse en mayor seguridad alimentaria, más ingresos familiares y comunidades más resilientes frente a la pobreza y al cambio climático. Cuando se reconoce y apoya el rol de las mujeres rurales, toda la sociedad se beneficia.
Iniciativas que están marcando la diferencia
A pesar de los desafíos, existen experiencias positivas que demuestran que el cambio es posible. Organizaciones locales e internacionales han promovido programas dirigidos a mujeres rurales, brindándoles formación técnica, acceso a créditos y fortalecimiento organizativo.
Un ejemplo de ello es el proyecto de huertos comunitarios en Lempira, donde más de 200 mujeres han logrado mejorar su economía familiar cultivando hortalizas, frutas y plantas medicinales. Además de generar ingresos, estos huertos les han permitido ganar autonomía y mayor reconocimiento en sus comunidades.
Otro caso inspirador es el de una cooperativa liderada por mujeres en Olancho, dedicada a la producción y comercialización de café. A través del trabajo colectivo, han logrado negociar mejores precios, obtener certificaciones y acceder a nuevos mercados.
¿Cómo podemos avanzar hacia la igualdad?
Superar la brecha de género en la agricultura de Honduras requiere compromiso desde diferentes sectores. No se trata solo de implementar políticas públicas, sino también de cambiar actitudes profundamente arraigadas.
El Estado debe garantizar que sus programas agrícolas incluyan a mujeres en igualdad de condiciones. Esto implica ofrecer asistencia técnica con enfoque de género, adaptar los créditos a las necesidades reales de las productoras rurales y garantizar su acceso a la tierra.
Las organizaciones de la sociedad civil, por su parte, pueden continuar promoviendo espacios de formación, redes de apoyo y liderazgo femenino. Además, los medios de comunicación y la educación pueden desempeñar un papel clave en transformar estereotipos y reconocer el valor del trabajo femenino en el campo.
Y en el nivel más personal, hombres y mujeres pueden colaborar en sus hogares y comunidades, reconociendo que el desarrollo no es posible sin equidad.
Igualdad en el campo: una meta que vale la pena alcanzar
Cerrar la brecha de género en la agricultura de Honduras no es solo una cuestión de justicia, sino una condición para avanzar hacia un país más productivo, inclusivo y sostenible. Las mujeres rurales tienen la fuerza, el conocimiento y el compromiso para liderar el cambio. Lo que necesitan es que se les abran las puertas, se les escuche y se les dé el lugar que merecen.
Al reconocer su trabajo y facilitar su acceso a recursos, estamos sembrando las bases de un futuro rural más fuerte, diverso y equitativo. La igualdad en el campo no es un ideal lejano: es una meta alcanzable si trabajamos juntos para lograrla.